martes, 22 de mayo de 2007

De safari

El pasado fin de semana algunos de nosotros encontramos una excusa para poder quedar a cenar algo y salir por ahí.
La cena fue muy divertida, porque el restaurante no era gran cosa, y eso siempre es motivo de sorna por nuestra parte. Algunos de los platos del buffet fueron míticos, como unos trozos de un engrudo con sabor a yeso, que me vendrían estupendamente para unos agujeros que hice en mi casa con el taladro para colgar las cortinas. Aunque lo más mítico fue el ticket, nunca había visto uno tan grande. En fin, en su favor diremos que muchos alcanzaron su límite de capacidad en ingesta de alimentos.

Tras esto decidimos salir a la calle para seguir nuestro tour nocturno, y los dioses decidieron que empezara a llover justo en ese momento. Por lo que tras andar un rato bajo el estimulante efecto de la lluvia entramos en un garito... y espantados, salimos del garito, pero como seguía lloviendo volvimos a entrar, y nos apretamos con el resto de humanos que había en él. Al principio me agobié un poco, y recordé porque no me gusta salir: música mala, humo, apretones, no se puede hablar, una mierda incomprensible para mi evolucionado cerebro. Pero luego adopté una actitud de explorador, de investigador, que toma nota de lo que observa, y lo anota para un posible futuro estudio. Entonces todo fue más divertido. El sector soltero /divorciado/ viudo/ célibe , del grupo con el que iba, estaba bastante revolucionado con dos grupos de chicas que teníamos cerca, haciendo toda clase de alusiones, planeando tácticas y estrategias a realizar, inventando complicados teoremas sociales sobre el comportamiento femenino de la especie humana, elucubrando sobre el clásico efecto acción / reacción. Pero finalmente nadie movió un dedo. Por lo que nos fuimos de allí cuando el sitio cerró, (cosa que hace tiempo que ocurre antes de las 3 de la mañana), con menos dinero que cuando entramos, un poco más bebidos, (no mucho, porque amigos, como está el euro), secos y los solteros /divorciados/ viudos/ célibes se quedaron como cuando entraron, igual. Por lo menos no llovía.

El resto del grupo se retiró a casa de Irving a continuar la noche, pero yo no quería irme tan lejos para volver a las tantas, había sido suficiente para mi, así que tras acercarme a casa, les dejé sanos y salvos en su vehículo mientras yo volvía al calorcito de mi cama a dormir unas pocas horas antes de que miniyo decidiera que era la hora de levantarse, cosa que ocurrió a las 8:30 de la mañana, sniff...

P.D. Espero más detalles sobre lo acontecido tras mi partida...