martes, 28 de abril de 2009

Ante todo, educación

Quién me iba a decir a mi que la educación iba a dar tan buen resultado, os cuento.
Sábado, tras una dura jornada de haciendo de portador en un populoso centro comercial, siguiendo a mi media mandarina mientras recorría de manera experta todas y cada una de las tiendas. Afortunadamente no iba solo, otro portador amigo mio, me acompañaba siguiendo también a su mujer. Por fin las mujeres cambiaron el chip de compras, por el de comida, y decidimos parar para abastecernos de algunas viandas, y así poder proseguir con el trabajo por la tarde.
Se decidió, visitar un conocido restaurante italiano, de esos de franquicia, pero que por alguna extraña razón, son más caros, que otros restaurantes italianos de franquicia. Para no dar publicidad, diremos que se llamaba "La Alpargatería".
El caso es que entramos, nos sentamos, nos dieron la carta, y nos urgieron a pedir, tras arduas deliberaciones, finalmente hicimos nuestra elección de viandas, y nos dispusimos a comer, nos trajeron la típica bandeja de panecillos y cosas de esas para picar (más de 8 euros!!!!) , nos trajeron la bebida, un plato de entrantes que habíamos pedido, y el plato de la mini-bestia (que nos acompañaba para la ocasión). Como había gusa, pues terminamos con todo en cuestión de minutos, (bueno, mini-yo, en su linea se comió sólo la mitad de su plato) mientras charlábamos y debatíamos sobre lo divino y lo humano, y hete aqui que el tiempo pasa, y pasa, y pasa, y empezamos a percatarnos de que nuestra comida no viene, y nuestras tripas empiezan a tomar rehenes y a hacer sus exigencias. Miramos el reloj, y nos sorprende ver que ha pasado una hora, y aun estamos esperando. Sospechando que una horda de infectados zombies haya tomado la cocina y a los cocineros al asalto, echo un vistazo alrededor, y descarto la idea al comprobar que en las mesas adyacentes se sirve con normalidad, y la gente se está comiendo sus platos.
Obviamente nuestra conversación cambia, y empieza a tornarse oscura, "fíjate, esos se sentaron después de nosotros y están comiendo", "yo creo que se han olvidado", "igual se les han pasado los tortellini, y los han tenido que pedir a la Toscana", "igual en realidad estamos muertos, y no estamos aquí, aunque lo parezca", "no pienso dejar ni un céntimo de propina".
El caso, es que para mi sorpresa, mi media mandarina toma la decisión, de ir a pedir la cuenta de lo que hemos consumido porque tenemos hambre y nos vamos, pero por las buenas, sin montar un pollo como hemos presenciado otras veces, no, sin alzar la voz, y siempre "por favor", o "les importaría". Y entonces empiezan las reacciones, las disculpas, los intentos de que nos quedemos, hasta que finalmente nos traen la mini cuenta (!!29 euros por unos panes, unas coca colas, un plato de spaghettis, y un entrante!!). Cuando estamos recogiendo para irnos después de pagar, aparece la jefa de mesas con todos los platos en la mano, pidiéndonos por favor que los comamos, que no nos los van a cobrar. Tras unas dudas iniciales, y un poco de vergüenza, finalmente nuestras tripas tomaron la decisión por nosotros, y nos pusimos a zampar.
La verdad es que fue un poco bochornoso, ¿no?, con la sensación de comer de gorra (salvo por esos 29 eurazos), pero creo que fue justo, y creo que fue un buen ejemplo de lo que se puede conseguir por las buenas. No estoy tan seguro que montando un pollo y gritando se pueda lograr lo mismo.

Así pues, me llevé dos alegrías, una, al comprobar el resultado positivo de un poco de educación y buenas maneras, y dos, ver a mi media mandarina tomando la iniciativa de esa manera, olé.