domingo, 14 de enero de 2007

Nueva York: Dia 2. Distrito financiero y el Guggenheim

El cambio horario nos hace despertarnos sobre las 5:00 de la madrugada, pero remoloneamos hasta las 7:00 que bajamos a desayunar, teniendo así contacto con una de las constantes del viaje, la sala de desayunos en la cuarta planta del hotel. El sitio pequeño con apenas cuatro mesitas, pero con una cantidad ingente de bollos, panes, mantequilla, queso de untar, mermelada, zumo, leche y café, ¿que más se puede desear?.
Tras un abundante y copioso desayuno (vaso de leche, muffin tamaño XL, pan con mantequilla y un par de zumos de naranja), salimos rodando del hotel. El día amaneció algo nublado y con una niebla alta que tapaba las azoteas de los edificios. Nuestro primer objetivo era comprarnos una Metro Card, para los que no sepan lo que es, se trata de una especie de abono transportes válido para una semana en cualquier metro y bus de la zona de Manhattan. Pues bien, fuimos hasta la estación más cercana, a pocos metros del hotel en la 28 con Broadway, y nos pusimos a ello, el encargado de la estación, un ruso bastante atento y simpático, nos vió un poco turistas y nos explicó como se sacaba, nos advirtió también sobre los problemas de los metros expresos, que no paraban en todas las paradas, y que algunas estaciones como esa, tenían una entrada diferente en función de a que zona quisieras ir, todo muy útil. Una vez dentro y con la metro card, para no cambiarnos de andén decidimos ir hacia el sur, visitariamos la zona cero, y wall street a ver que tal.
Salimos en la parada de City Hall, y de allí marchamos con paso vacilante hacia el sur, en busca de sitios conocidos. Llegamos a la zona cero (donde antes estaban las torres gemelas), donde unas enormes gruas tras unas vallas de obra trabajaban en la construcción de lo que sea que vayan a montar allí. En las vallas, había colgadas numerosas fotos tamaño poster de las escenas que dieron la vuelta al mundo, nada escabroso, pero todo muy impactante.
Seguimos culebreando por la zona, encontramos el toro ese que hay en Bowling Green, y acabamos por llegar al edificio de la bolsa, junto al que estaba el Federal Hall con una estatua del primer presidente George Washington. De ahí seguimos hasta el Trinity Church, iglesia antigua de la que destaca su cementerio. De aqui seguimos hasta la reserva federal. Nos perdimos hasta llegar al muelle 17, donde unos barcos antiguos se encontraban atracados, y las casas parecían tabernas del siglo pasado. Aqui paramos a repostar, nos tomamos unas coca-colas y cafes, para proseguir la marcha (por cierto, la coca-cola sabe distinta aqui). Me quedé con ganas de visitar esto más en profundidad, pero el grupo manda, así pues proseguimos, con idea de ir hacia el norte, pero antes paramos en un sitio enorme donde vendían aparatos electrónicos, y me compré mi nueva camara de fotos, un cacho de trozo de camara digital con un super zoom y todas esas virguerías supermolonas que hacen ruidito cuando le das a los botones. Con mi flamante camara, proseguimos hasta encontrar un metro que nos permitiera ir hacia el Guggenheim o el Metropolitan, que era nuestro próximo objetivo (no me pregunteis por qué).
Cruzamos bajo tierra toda la ciudad, hasta llegar a una zona próxima al museo, aqui nos paramos a comer en un restaurante con un menú asequible, justo cuando empezaba a llover. La comida no estaba mal, y era abundante, lo malo es que con el rollo de las propinas nos hicimos un lio, y creo que al final se forraron a nuestra costa, en fin, es lo que tiene el turismo...
Con la panza llena, acudimos en dirección a los museos, y el primero que encontramos fue el Guggenheim, una pena pues estaba de obras, y su característica forma quedaba oculta por los andamios y las maderas. Pero por dentro estaba intacto, se nos metio en la cabeza entrar a ver la exposición, y al realizar un breve estudio vimos que nos salía rentable sacarnos un City Pass, que es como una libreta con las entradas de varios sitios típicos de la city, como el Moma, el Empire State, el Museo de Historia Natural, etc...
Pues así pasamos la tarde, dando vueltas por la espiral ascendente del Guggenheim viendo cuadros que nosotros españolitos medios, conocíamos de sobra del colegio y de nuestras ¿numerosas? visitas al Prado.
Al salir, no sin antes pasar por la tienda del museo, ya era de noche, por lo que decidimos ir volviendonos., pero antes hicimos una parada en Times Square, e inevitablemente entramos en el Virgin Megastore, donde acabamos agotados tras recorrer sus tres plantas mirando discos, DVDs, camisetas, libros y toda clase de cosas interesantísimas, por supuesto solo hicimos las compras más necesarias. Salimos ya pensando en ir al hotel, pero no sin antes cenar un pequeño perrito en el típico carrito de la calle. Y así, con el estomago no vacío, fuimos al hotel en autobús para ver "el paisaje", terminando así nuestro segundo día en esta gran ciudad, o ciudad grande...